La cultura es la buena educación del entendimiento.
Jacinto Benavente
sábado, 24 de noviembre de 2018
martes, 20 de noviembre de 2018
1000 entradas
Esta entrada significa que me he sentado al menos mil veces a escribir en este blog, y eso es perturbador. Por un lado me reafirma, por otro me hace dudar sobre el tiempo invertido.
En estos casi diez años he hablado de mucho de lo que me interesa, aunque últimamente la cultura ocupa buena parte del espacio. Y es que quizá la cultura sea la única esperanza.
Una sociedad que ha perdido su solidez intenta conseguir que las luchas pierdan el sentido. Seguiré en la dirección contraria.
El viaje continúa...
En estos casi diez años he hablado de mucho de lo que me interesa, aunque últimamente la cultura ocupa buena parte del espacio. Y es que quizá la cultura sea la única esperanza.
Una sociedad que ha perdido su solidez intenta conseguir que las luchas pierdan el sentido. Seguiré en la dirección contraria.
El viaje continúa...
jueves, 15 de noviembre de 2018
La poesía es un arma cargada de futuro
Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmando,
como un pulso que golpea las tinieblas,
cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.
Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.
Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.
Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.
Porque vivimos a golpes, porque a penas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.
Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.
Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.
Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica, qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.
Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.
No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.
Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra, son actos.
Gabriel Celaya
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmando,
como un pulso que golpea las tinieblas,
cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.
Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.
Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.
Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.
Porque vivimos a golpes, porque a penas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.
Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.
Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.
Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica, qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.
Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.
No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.
Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra, son actos.
Gabriel Celaya
miércoles, 14 de noviembre de 2018
Paquita Salas
Me pasa con esta serie como con algunos platos, me gustan sus ingredientes pero no tanto el resultado final.
Quizá la modernidad era esto, pero uno esperaba más profundidad.
Los Javis gustan mucho y a muchos. Yo creo que algún día lo conseguirán conmigo, pero todavía no ha ocurrido.
Entiendo lo que buscan, de hecho veo humor en algunos momentos, mas falta algo...
El reparto, muy desigual, está correcto.
La serie indaga en nuestras incoherencias, en que el lujo y lo cutre están muy unidos y ahí sí que atina, pero la emoción...
sábado, 10 de noviembre de 2018
Hipocresía
Cuando la hipocresía comienza a ser de muy mala calidad, es hora de comenzar a decir la verdad.
Bertolt Brecht
Bertolt Brecht
lunes, 5 de noviembre de 2018
La maldición de Hill House
Es la serie del momento y eso aterra más que sus fantasmas.
No comparto algunas críticas tremendamente elogiosas que he visto por ahí, pero lo cierto es que se ve con gusto.
El terror anunciado está por ahí mas la serie busca hondura. Al final hablamos de relaciones personales, de cariños que se pierden, de egoísmos, de vida.
El puzzle que se crea acaba encajando, aunque quizá alguna pieza lo haga con dificultad. El guión ofrece trampas y sorprende de vez en cuando.
Los protagonistas adolecen de regularidad, eso es así y no le va bien al resultado final.
El quinto capítulo es excelente y el sexto es una algo impostada pero bonita curiosidad formal.
En definitiva, una buena serie (no tan redonda como la presentan, pero buena) que consigue lo que busca. Quizá un final no tan feliz elevaría mi sensación.
sábado, 3 de noviembre de 2018
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