Todos los cineastas estamos en fase de aprendizaje hasta los 65 años.
Kenji Mizoguchi
Han pasado diez años y es un día de invierno.
Tú caminas por las avellanedas.
y vas junto a esos sauces amarillos que avanzan
por los ríos con luna.
No será como ahora, no tendrás veinte años;
la nieve irá acercándose a tu casa
y el aire verde moverá en tus ojos
sus bosques de cristal y de silencio.
Recuérdalo, hubo un río.
Los árboles vivían
en el imán del agua.
Por la noche, escuchábamos gotear en las sombras
la canción de los búhos.
Y, luego, la corriente se llevó nuestras caras.
No sabemos a dónde. No sabemos por qué.
Aún estamos aquí.
Pero, de pronto,
han pasado diez años
y tú y yo somos dos desconocidos.
Benjamín Prado
Jessie Buckley merece todos los premios que va a recibir y Paul Mescal mantiene el tono. Y esto es clave en esta cinta.
Se habla sobre el duelo y se dialoga con la obra de Shakespeare con imágenes muy poderosas y sin escatimar dolor.
Yo soy de los que creen que el clímax final queda algo sensiblero, aunque le veo el sentido. Algo más de sutileza hubiera redondeado el momento.
Lo importante es que el arte te puede ayudar a comprender la vida o, en su caso, a sanar. Y de eso va todo esto.
Se cuenta la transformación de Shanghai desde los años 60 del pasado siglo y lo hace hablando de negocios y de relaciones.
La dirección de arte es maravillosa.
Se alarga, pero mantiene un buen tono.
El reparto me gusta.
Le falta definición y concreción, pero tiene la estética del director. Y eso nunca es poco.
Todos los cineastas estamos en fase de aprendizaje hasta los 65 años. Kenji Mizoguchi