Marta Matute debuta en la dirección de largos con una historia plagada de vida y verdad, basada en su propia experiencia.
La enfermedad de una madre o un padre es un golpe del que uno no se recupera, solo se convive con ello. Pero a veces esa convivencia es difícil.
Aquí chocan una vida que se apaga y otra que se abre al mundo. Y qué bien se cuenta y qué bonito queda todo cuando aparecen los créditos.
Buen reparto, con una Sonia Almarcha tan humana como el sufrimiento.
La realidad.