Mostrando entradas con la etiqueta vino. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vino. Mostrar todas las entradas

lunes, 4 de octubre de 2010

Un "mencía" (cata)


Íbamos a hacer la cata y no la hicimos, así que ahí va.
Ya expliqué lo que pretendo con una entrada como ésta, así que me ahorro preámbulos y voy al meollo de esta cuestión.
El vino degustado fue un Dominio de Tares Cepas Viejas 2007 (D.O. Bierzo), un monovarietal de uva mencía con nueve meses de permanencia en barrica. Costó unos 12 €.
Color picota con leve ribete violáceo, capa alta.
En nariz, gran intensidad, tostados que dejan paso a frutos negros maduros y especias como pimienta negra, también cierta mineralidad.
En boca, cacao y balsámicos. Untuoso, goloso y con un paso de boca realmente amable. Muy equilibrado.
A mi juicio, un vino estupendo que vale mucho más que cuesta y que ejemplifica las cualidades y bondades de una maravillosa uva.

domingo, 11 de julio de 2010

Un vino sudafricano (cata)


Va a ser la primera vez que en este blog se intente hacer una cata de vino en toda regla, sin esnobismos ni pedantería, pero sí con cierto rigor. Pido perdón a los puristas de antemano, esto es mi humilde aportación a un mundo que me apasiona.
Ayer compartí con mi novia un vino sudafricano (zona de Western Cape), Matuba Barrel Selection 2004, un coupage en el que predominaba la uva Merlot. No especificaba el tiempo en barrica, pero no era corto. El precio rondó los 8 €.
Color evolucionado, ribetes teja, capa alta.
En nariz, algo reducida de entrada, notas de torrefactos y ahumados, cuero, lácteos, con fondo de frutos negros.
En boca, muy sabroso, carnoso, astringencia amable, equilibrado.
Retrogusto a regaliz, tostados, curados, un vino largo y persistente.
Así pues, el vino cumplió perfectamente, confieso que esperaba menos de él. Buena relación calidad-precio.
Obviamente, la compañía es lo más importante, pero si el tercero en discordia está a la altura, ésta es mejor todavía.

domingo, 30 de mayo de 2010

Aquel vino

Por fin puedo sentir el sedoso tacto de la carta de vinos en mis manos, es demasiado extensa, pero está bien estructurada. Vamos a ver qué elegimos.
El menú degustación pide un vino que no se quede corto, pero tampoco uno que resulte excesivo, creo que optaré por un tinto con algo de barrica bien ensamblada. El presupuesto es limitado, no nos volvamos locos, pero la vida es demasiado corta para beber mal vino.
Elegir para dos es una responsabilidad, pero el acto en sí encierra generosidad y gran dosis de cariño.
Ya está elegido, veamos qué dice el sumiller, espero que no haya problemas.
Todo correcto, botella pedida, la añada es la que se anunciaba y hay existencias, como debe ser.
Mi pareja me pregunta por el vino así que intento explicar cómo es y la razón por la que será éste el que nos acompañe y no otro.
Aquí llega la botella, bien presentada. El descorche y el servicio es muy profesional, eso mejora las cosas.
Y aquí está, el vino en la copa, cereza picota de capa media, ribete violáceo, bonito color. En nariz no es muy intenso, frutos negros y rojos muy maduros, madera muy leve.
Me llevo el vino a la boca, muy fresco, mucha fruta, sabroso, es de los que invitan a beber, un final largo y algo astringente.
El sumiller espera mi veredicto, el vino ha pasado la prueba, es muy adecuado y está muy bueno. Se llenan las copas y empieza el espectáculo.
Y entonces ella dice lo que yo llevo esperando todo este rato: "Buena elección, cariño".


“Participante en el I Premio Vinos y Blogs del III Concurso de Vinos del Noroeste”.

domingo, 1 de febrero de 2009

El vino

En ocasiones, un buen vino puede hacer que una buena comida se convierta en estupenda. También, claro está, con un vino que no está a la altura se puede conseguir el efecto contrario.
Vivimos en un país en el que tenemos la fortuna de disfrutar de grandes caldos, y además, a un precio aceptable, lo cual es más interesante todavía. Pedir en un restaurante un vino de 100 € y acertar es bastante sencillo, hacerlo con uno de 20 ya entraña alguna que otra complicación.
Me gusta, cuando voy a una zona determinada, probar los vinos que allí se hacen, intentando elegir alguno que defina la zona en cuestión o, todo lo contrario, que se desmarque de ella.
Me gustan los clásicos pero tengo la sensación de que no descubro nada (aunque pueda disfrutar mucho), prefiero algo diferente, una Denominación de Origen emergente, un vino con un proceso de elaboración algo original, un curioso coupage... Aunque puedes llevarte una decepción (un poco de riesgo anima la vida).
Soy algo meticuloso con el servicio (sin pasarnos), me apetece que el vino que he elegido sea el que me traigan y que cuiden la botella con el mismo cariño con el que yo lo he escogido. Aprecio unas buenas copas y unos buenos consejos del sumiller. Quiero disfrutar del vino, de la comida y de la compañía.
Tengo la seguridad de que hay momentos para tintos y blancos (al rosado no se lo encuentro), para jóvenes, crianzas y reservas, para cavas y champagnes, para vinos dulces y para todos los demás. Pero creo que nunca es buen momento para un vino de escasa calidad.

Si es martes, es asesinato

El viaje organizado a Lisboa no es en sí mismo un crimen, aunque pueda parecerlo. En esta serie hay más crímenes y se trata de descubrir al ...