Zapatero anunció ayer una drástica reducción de publicidad en TVE. Siempre he creído que una televisión pública debe estar al margen de audiencias y disputas entre cadenas y convertirse realmente en un servicio público. La decisión del Presidente puede ser la primera piedra para conseguir ese propósito.
Vivimos en un país en el que algunas televisiones públicas se utilizan rastreramente para fines políticos (Telemadrid) y otras son ejemplo de calidad (TV3), lo de la imparcialidad siempre es cuestionable, eso sí.
Hoy hay muchas opiniones sobre este tema en los diferentes medios y blogs (como la del gran Manolo Saco), me apetecía dar la mía.
Suelo avergonzarme al encender la televisión, no logro entender por qué las miserias humanas inundan programas (en algunas cadenas hasta los informativos) ni consigo asimilar el interés que eso puede despertar en mis conciudadanos. Pero todavía me molesta más que no haya un programa de cine en condiciones (salvo el de Cayetana) o de música (a excepción de alguna cosa en La 2) o de cualquier otro tema interesante, que pueda hacerte pensar. Eso sí que me duele.
Yo deseo una televisión pública sin publicidad (o con poca) pagada con los Presupuestos del Estado, que sea plural, que sea culturalmente diversa y en la que no quepan famosos bailando ni series bochornosas. ¡Ah! Y tampoco misas.
Esta medida también es de izquierdas aunque pueda beneficiar a las privadas y por eso le guste al PP.
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