Seguro que ya he dicho en este blog que odio la típica frase tabernaria que viene a decir que todos los políticos son iguales. Supongo que es tan mentira como decir que todos los fontaneros son iguales. Lo que ocurre es que a los políticos se les debe exigir algo más de responsabilidad y de decencia.
Hoy, la Alcaldesa de Valencia (la misma de las anchoas) ha venido a decir que los políticos reciben regalos. Me parece obvio que haya regalos de cortesía, el problema es que algunos aceptaran los regalos y darán algo a cambio. Las prisas de Barberá por intentar hacer del hecho algo normal le delatan, a mi juicio.
Es muy frecuente en la derecha de este país dejar caer la idea de que todos los políticos son iguales. Ante esa idea me sublevo completamente. Ni políticos son iguales ni votantes son iguales. Es bastante evidente que la ética o la moralidad de unos y otros no es la misma, lo cual no quiere decir que no haya delincuentes en todas las casas.
Y cuando todo esto no funciona, siempre queda el pataleo de la conspiración (¿por qué les gustará tanto esa palabra?). A alguno engañan, fijo.
En condiciones normales, todos estos escándalos deberían hundir la carrera de estos personajes, pero hace mucho que esto no es normal.
Eso sí, cada vez que pienso que esta gente y yo podemos ser iguales me recorre un escalofrío de arriba a abajo.
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