Zhang Yimou nos va entregando su genialidad con cuentagotas, ahí va ésta.
No es una película perfecta, pero sí una de las que dejan algo en el espectador. Elipsis que cuentan mucho y planos que explican más que horas de diálogos.
Nos cuenta un amor adolescente en un tiempo y una sociedad difíciles, los años más duros de la Revolución Cultural china. Nos cuenta vida y muerte, represión y libertad, nos cuenta historias...
Los dos protagonistas están a muy buen nivel, ambos tienen un futuro prometedor.
Es cierto que el guión (basado en una novela) es algo previsible pero no es menos cierto que tiene escenas cuyo visionado vale por sí solo la redención del director. La escena de las manos acercándose por el palo, la escena de cama sin sexo, las flores blancas del espino... ¡Qué delicias!
No le hago ascos al Yimou de acrobacias y epopeyas, pero me gusta más éste, el de "Ni uno menos", el de la delicadeza y el que piensa que su espectador es inteligente.
Me gustan estas cintas, siento que soy mejor que antes de verlas. Con sus defectos y con sus virtudes es una película notable.
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