domingo, 17 de mayo de 2015

Timbuktu

Recuerdo que al hablar en este blog de "La bicicleta verde" decía de ella que es una película necesaria, y es que lo es mucho. Pues bien, esta lo es más.
Sobre la narrativa o sobre las actuaciones podría poner reparos, pero la intención, la intensidad del mensaje y la fuerza de algunas de las escenas destroza cualquier crítica negativa que se pueda hacer a la cinta.
La paradoja es que una obra de arte denuncie, como nunca se ha hecho, a los que desprecian la vida y el arte, a los que roban ilusiones y música.
El autor salva deliberada y acertadamente a la religión. Son asesinos, no religiosos. Lo peor de todo, y a la vez lo mejor de la obra, es que sabemos que es real.
Sissako nos deja aquí una película espectacularmente humana y humanista, todo un alegato contra la pena de muerte y una oda a la libertad. La excepcionalidad viene por esos caminos en esta ocasión.
Imprescindible.

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