Pocas veces se ve un acierto de casting del tamaño del de escoger a la niña protagonista de esta historia de perdedores llena de color.
Shih-Ching Tsou debuta en la dirección con una película descomunal que retrata los márgenes con un lenguaje visual cuidado y atractivo.
La niña brilla, pero todo el reparto está fantástico.
La dirección es maravillosa y la fotografía, sublime.
La familia, las convenciones sociales, el peso de la tradición y los frecuentes choques con la modernidad y el progreso son los subtextos. Y qué bien.
De lo mejor del año.