La cuestión catalana es lo más grave que le ha ocurrido a este país en muchos años, no podía dejar de escribir sobre ella.
Nunca he tenido problemas con la autodeterminación de los pueblos sojuzgados y, a la vez, creo que la patria es la clase y no la nación. Las incoherencias o las coherencias, según se mire.
Hasta aquí nos han traído pésimos gobernantes, representantes de los dos partidos políticos más corruptos del primer mundo, que han visto en todo esto la manera más eficaz de desviar el foco. Toda la derecha gana cuando es más egoísta, aquí también.
Las banderas siempre han sido refugio de cobardes y de malos políticos, en los dos lados puede comprobarse. El trozo de tela sustituye a debates de verdad como derechos sociales o libertades individuales.
Mañana se ha de impedir el referéndum sin bravuconadas, pasado se ha de dialogar con todas las fuerzas. Y nada más.
El terreno de lo anímico es malo para la sensatez, comprendo la frustración de los independentistas pero han de volver a la legalidad. A los que no comprendo es a los que invocan a Franco o a cualquier símbolo marcial para defender España, esos no son los míos. Ni esos ni los otros, quede claro.
En fin, que vayamos a lo importante...
sábado, 30 de septiembre de 2017
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