En este país, o quizá en todos, se habla muy gratuitamente de Justicia. Cuando se conoce un delito grave, de los que aterran, a todos nos parece poco cualquier pena. Pero el Estado no puede estar sujeto a la opinión de las víctimas. Ni siquiera puede estarlo a la opinión de una mayoría desinformada por los medios de comunicación.
Se debe recordar que en España la tasa de delitos es baja y en cambio las condenas que conllevan privación de libertad son altas. Lo contrario de lo que piensa la sociedad, vamos...
La pena de prisión permanente se antoja inconstitucional pero sobre todo es ilegítima moralmente hablando. El fin último de las sanciones que conllevan privación de libertad debería ser la reinserción del sujeto en la sociedad. ¿Y entonces? ¿Por qué razón íbamos a condenar a alguien eternamente?
Desde los ámbitos progresistas debemos oponernos a esa idea, por muy popular que sea. Elevar el nivel del debate, y arrojar luz y consciencia, siempre fue parte del objetivo.
De todo se nos puede privar, hasta de lo más básico. Luchemos.
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