Mateo Gil tiene una filmografía irregular, pero aquí vuelve a dar en el clavo.
Luis Tosar y especialmente Guillermo Toledo elevan el nivel de una producción notable.
Adictiva a más no poder y muy eficiente.
Que nadie espere algo muy complejo, pero lo cierto es que estamos ante una serie entretenida y que no cae como otras de su especie.
El planteamiento tiene cierto interés ético, aunque quizá eso se diluya en exceso.
Bien.

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