Carla Simón alcanzó un nivel descomunal en "Alcarràs" y tenía ganas de ver su nueva película.
Aquí, pese a entregar una buena obra, no llega a la emoción que provocaba su cine anterior.
La búsqueda en su memoria, el recuerdo de una generación rota por SIDA y heroína y la llegada a la edad adulta se entremezclan con criterio.
Llúcia Garcia aporta bastante luz.
Me sobra la ensoñación y me parece todo demasiado maniqueo, pero la fotografía compensa con creces esos pecados.
Demasiado lirismo para contar la vida, creo.
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