Una sátira del sistema y a la vez parte de él. Eso es esa serie.
Jon Hamm da en el clavo al interpretar a un tipo devastado que tiene que seguir moviendo su rueda. Y constituye lo mejor de esta ficción.
Y la mordacidad, claro.
¿No somos todos ese protagonista que vive en la hipocresía, en la pose y en la eterna contradicción sin poder salir?
Una crítica social diferente, lo cual siempre se agradece mucho.
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