La misma calidad que el sol de tu país,
saliendo entre las nubes:
alegre
y delicado matiz en unas hojas,
fulgor de un cristal, modulación
del
apagado brillo de la lluvia.
La misma calidad que tu ciudad,
tu
ciudad de cristal innumerable
idéntica y distinta, cambiada por el tiempo:
calles que desconozco y plaza antigua
de pájaros poblada,
la plaza
en que una noche nos besamos.
La misma calidad que tu expresión,
al
cabo de los años,
esta noche al mirarme:
la misma calidad que tu
expresión
y la expresión herida de tus labios.
Amor que tiene
calidad de vida,
amor sin exigencias de futuro,
presente del pasado,
amor más poderoso que la vida:
perdido y encontrado.
Encontrado,
perdido...
Jaime Gil de Biedma
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