Es esta una película pequeña que ha llegado lejos. No es la gran obra del momento, pero tiene algo, rezuma dignidad, exhala vida.
Es tan antibelicista que parece simple, pero no lo es, está llena de matices. Que las guerras son absurdas ya lo sabíamos, que esta lo fue mucho, también. La sabiduría y el saber estar del protagonista son, en sí mismos, una declaración de intenciones.
El guión y la puesta en escena son notables, el reparto parece en estado de gracia. Habrá que seguir a este director.
En la cinta la fruta representa la vida, lo cotidiano, lo real, lo que interrumpe una guerra. Reflexionemos.
sábado, 28 de noviembre de 2015
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