lunes, 11 de mayo de 2026

Los realmente grandes

Pienso a menudo en los que fueron realmente grandes.

Aquellos que, desde el vientre, recordaban la historia del alma

entre corredores de luz donde las horas son soles

interminables que cantan. Aquellos cuya hermosa ambición

era que sus labios, aún acariciados por el fuego,

hablaran del Espíritu ataviado de pies a cabeza por el canto.

Aquellos que de las ramas de la Primavera atesoraron

los deseos que caían como flores a través de sus cuerpos.

Lo valioso es jamás olvidar

el deleite esencial de la sangre extraída de eternos manantiales

que corren entre rocas de mundos anteriores a nuestra tierra.

Jamás negar su placer bajo la sencilla luz de la mañana

ni su grave exigencia de amor al anochecer.

Jamás permitir que el ruido y la bruma del tráfico

asfixien gradualmente el florecer del Espíritu.

Cerca de la nieve, cerca del sol, en los más altos campos,

mira la forma en que estos nombres son celebrados

por la hierba que ondea, por las serpentinas de nubes blancas

y los murmullos del viento en el cielo que escucha.

Los nombres de aquellos que en sus vidas lucharon por la vida,

que en sus corazones llevaron el centro del fuego.

Nacidos del sol, viajaron por un breve tiempo hacia el sol

y rubricaron el aire vívido con su honor.


Stephen Spender

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