Estamos aquí ante una serie belga que explora márgenes, que habla de familias desestructuradas, de relaciones rotas, de afectividades mal entendidas, de realidades crudas y duras y muchas malas gestiones.
El problema es que es lenta y aburrida.
El lenguaje narrativo es actual y original, pero no funciona con la historia que trata de contar.
Adolescencias difíciles no implican series difíciles. O no deberían.
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