domingo, 15 de octubre de 2017

Verano 1993


Carla Simón nos cuenta un episodio de su vida, pérdida de la madre y adopción por parte de sus tíos, en una película que se hace mayúscula secuencia a secuencia.
La cinta está salpicada de escenas que desnudan la relación de esa madre y esa hija, de otras que nos describen como sociedad y de muchas que nos desnudan a todos un poco. Brillante.
Las niñas están inmensas, y también los adultos mantienen el nivel.
Quizá abusa de la cámara en mano y quizá de algún truco llamémosle "festivalesco" para tratar de agradar a un público... pues eso, de festivales. Pero se puede tolerar.
La tremenda expresividad de la obra te hace olvidar las costuras.
Ay, el aprendizaje emocional, la vida...
Belleza.

viernes, 13 de octubre de 2017

And then there were none


La revisión de "Diez negritos" de Agatha Christie me apetecía, la miniserie me ha encantado. No hablamos de ninguna obra maestra pero se disfruta, la verdad...
No es totalmente fiel al libro. Pero, ¿qué más da?
Me ha gustado la puesta en escena y el propio desarrollo de la trama. También el reparto, excepcional Maeve Dermody (descubrimiento para mí).
El misterio bien llevado, con pulso y con tino, es lo que nos engancha, pero lo que queda es ese ensayo sobre la culpa y el sentimiento que conlleva.

martes, 3 de octubre de 2017

Apología y petición

Y qué decir de nuestra madre España,
este país de todos los demonios
en donde el mal gobierno, la pobreza
no son, sin más, pobreza y mal gobierno,
sino un estado místico del hombre,
la absolución final de nuestra historia?

De todas las historias de la Historia
la más triste sin duda es la de España
porque termina mal. Como si el hombre,
harto ya de luchar con sus demonios,
decidiese encargarles el gobierno
y la administración de su pobreza.

Nuestra famosa inmemorial pobreza
cuyo origen se pierde en las historias
que dicen que no es culpa del gobierno,
sino terrible maldición de España,
triste precio pagado a los demonios
con hambre y con trabajo de sus hombres.

A menudo he pensado en esos hombres,
a menudo he pensado en la pobreza
de este país de todos los demonios.
Y a menudo he pensado en otra historia
distinta y menos simple, en otra España
en donde sí que importa un mal gobierno.

Quiero creer que nuestro mal gobierno
es un vulgar negocio de los hombres
y no una metafísica, que España
puede y debe salir de la pobreza,
que es tiempo aún para cambiar su historia
antes que se la lleven los demonios.

Quiero creer que no hay tales demonios.
Son hombres los que pagan al gobierno,
los empresarios de la falsa historia.
Son ellos quienes han vendido al hombre,
los que le han vertido a la pobreza
y secuestrado la salud de España.

Pido que España expulse a esos demonios.
Que la pobreza suba hasta el gobierno.
Que sea el hombre el dueño de su historia.



Jaime Gil de Biedma

sábado, 30 de septiembre de 2017

Catalunya

La cuestión catalana es lo más grave que le ha ocurrido a este país en muchos años, no podía dejar de escribir sobre ella.
Nunca he tenido problemas con la autodeterminación de los pueblos sojuzgados y, a la vez, creo que la patria es la clase y no la nación. Las incoherencias o las coherencias, según se mire.
Hasta aquí nos han traído pésimos gobernantes, representantes de los dos partidos políticos más corruptos del primer mundo, que han visto en todo esto la manera más eficaz de desviar el foco. Toda la derecha gana cuando es más egoísta, aquí también.
Las banderas siempre han sido refugio de cobardes y de malos políticos, en los dos lados puede comprobarse. El trozo de tela sustituye a debates de verdad como derechos sociales o libertades individuales.
Mañana se ha de impedir el referéndum sin bravuconadas, pasado se ha de dialogar con todas las fuerzas. Y nada más.
El terreno de lo anímico es malo para la sensatez, comprendo la frustración de los independentistas pero han de volver a la legalidad. A los que no comprendo es a los que invocan a Franco o a cualquier símbolo marcial para defender España, esos no son los míos. Ni esos ni los otros, quede claro.
En fin, que vayamos a lo importante...

viernes, 29 de septiembre de 2017

Miré los muros de la patria mía

Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes, ya desmoronados,
de la carrera de la edad cansados,
por quien caduca ya su valentía.

Salíme al campo; vi que el sol bebía
los arroyos del yelo desatados,
y del monte quejosos los ganados,
que con sombras hurtó su luz al día.

Entré en mi casa; vi que, amancillada,
de anciana habitación era despojos;
mi báculo, más corvo y menos fuerte.

Vencida de la edad sentí mi espada,
y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.



Francisco de Quevedo

Grande de España

Juan Cavestany y Álvaro Fernández Armero presentan una sátira sobre la desesperada búsqueda de apariencias y privilegios en la alta socieda...